Este que os escribe ya ha vuelto de las vacaciones. Otro cambio de chip, el anterior me gustó más.
¡Ahhhhhhh! Deporte, política, crisis... Volver a la rutina desde un mundo más humano: campo, playa, nadar, caminar por la Tierra, tener tu propio huerto y regar, quitar malas hierbas e insectos y regar, recoger sus frutos y regar, y regar.
Como dice la canción de Danza Invisible: el fin del verano siempre es triste. Pero este año lo es aún más. Pasar de una forma de vida tan sana: sin tele, ni periódico ni Internet, solo una mísera radio que encendía muy de vez en cuando, a la vida de la civilizada ciudad. Estar en un entorno natural donde lo peor que te podía pasar es que te cortaran el agua algunas horas al día o te picara una avispa o cogiera su residencia en tu casa un ratón piñonero, o que se comentara que el levante iba a visitarnos.
¡Ahhhhhhh Bolonia! Lugar paradisiaco donde todo va más lento y tranquilo; más pausado, amable y sencillo. Mes y medio inolvidable conseguido gracias a mi amigo Juan “El Yuyu”, que me ha dado la opción de disfrutar de todos esos buenos momentos.
Pero también a Bolonia le ha llegado la crisis. En todos los años que he venido aquí, jamás había visto tanto coche junto. Miles de ellos entraban y salían a diario. Demasiados para un lugar tan pequeño. Antes era agosto el mes de afluencia de bañistas. Este año han sido Julio y agosto. Colas de coches por aquí, colas por allá. Hormigas que salen y entran al hormiguero. Horas de espera y más espera, pero que más da, eso es lo que hay.
Menos mal que mi gente y yo estábamos alli arriba, en la montaña con los camaleones, los buitres, los caballos, los zorrillos o las vacas. Desde donde todo esto se hacía como muy lejano, como de otra Tierra, como de otro momento del tiempo y el espacio.
Bueno ya estoy aquí y mi chip me dice que os salude a todos y que os de la noticia de que el próximo 1 de septiembre me incorporaré a este mundo de prisas, rutinas, a este mundo artificial civilizado y moderno.
Saludo a todos los humanos del Kakafuí.